Hoy todos escribimos prompts.
Pedimos una landing,
pedimos un componente,
pedimos un sistema entero.
Y algo aparece.
Imaginar algo y ver una maqueta funcionando ya no es la parte difícil.
La parte difícil es la de siempre:
saber si lo que apareció está bien,
saber qué le falta,
saber cuándo conviene descartarlo y empezar de nuevo.
Nada de eso lo resuelve un prompt.
Lo resuelve un oficio.
Viví esto de cerca.
Trabajé muchos años en una web para una empresa.
Con el tiempo en la empresa
se había formado un equipo
con gente de diseño gráfico, marketing y yo como desarrolladora Full Stack.
Lo mínimo necesario para convertir un proyecto web en algo sólido y con presencia online.
Con el criterio de un diseñador, las estadísticas reales de un buen marketing y el trabajo de un Full Stack, se puede lograr cualquier cosa.
Bueno, casi cualquier cosa.
Porque es habitual que las empresas confundan tener la herramienta con tener criterio.
Por ajustes, y supongo que también por querer actualizarse,
desarmaron el equipo
y decidieron seguir con la web usando IA.
Pusieron al frente al encargado de otra área.
Nadie lo dijo con estas palabras, pero la decisión hablaba sola:
no hacía falta un equipo, la IA ya lo resolvía todo.
Criterio del diseñador, afuera.
Criterio del desarrollador, afuera.
Criterio de marketing, afuera.
¿El resultado?
Una web con estética CD de AOL de principios de los años 2000.
Un diseñador sabe a lo que me refiero.
Un desarrollador web, también.
Era una web sencilla. La había pensado así para poder hacerla crecer escalonadamente.
Así cuando quisieran incorporar más tecnología, la base liviana ya iba a estar preparada.
Mi objetivo siempre fue mantenerla simple. Para que cualquier desarrollador mínimamente preparado, pudiera modificarla.
Sé lo que es operar una empresa industrial en Argentina hoy:
la caída de actividad, la competencia desleal de importaciones, la presión de ajustar todo el tiempo.
El problema no es ajustar. El problema es dónde.
Y no pasa solo en esta empresa. Es cómo reacciona gran parte de la industria al ajuste: se descarta lo que ya estaba pago, honorarios profesionales, licencias, años de análisis y decisiones tomadas.
Decisiones que van a tener que volver a tomar más adelante, con otros costos y una industria de IA mucho más desarrollada.
Hoy esa empresa tiene una web hecha con IA.
Para una empresa que no vive de lo digital, puede alcanzar.
Hasta el día que esa web tenga que hacer más de lo que hace hoy.
Porque una IA no es un diseñador.
Tampoco un prompt es un programador.
La diferencia no se nota en el resultado porque un sitio se ve online lo hayas tipeado vos línea por línea o lo hayas guiado con IA.
La diferencia se nota en otros momentos.
El momento que casi nadie mira hoy: cuando se idealizó la herramienta sin considerar arquitectura ni continuidad, y si falló no queda otra que reconstruirla desde cero.
Ese es el momento exacto en que empieza la deuda técnica.
Se paga después, con nuevos profesionales, nueva infraestructura, y el doble de tiempo y de costos.
Ahí es donde el prompt no alcanza. Ahí empieza el oficio.
Frederick Brooks ya lo había demostrado hace casi 40 años, antes de que existiera nada de esto: el método no alcanza, importa quién construye.
Las herramientas nuevas no reemplazan eso.
Lo exigen más que nunca.
Por eso sigamos creando,
sigamos construyendo,
sigamos buscando que te represente_